El Jet-Lag, lo que Magallanes y Elcano no pudieron contarnos.

24/02/2014

seguro_viaje_jet_lag_avionEl 6 de Septiembre de 1522 se concluía la primera vuelta al mundo, tras más de dos años de aventuras de todo tipo. Los aviones modernos nos permiten hoy ir de un continente a otro en cuestión de horas. Conozcamos un poco más sobre algo que nuestros grandes marinos no sufrieron (bastante tuvieron con lo que tuvieron): el Jet-Lag.

Para hablar del Jet-Lag, primero tendríamos que conocer lo que es el reloj interno y los ritmos circadianos de cada persona. El cuerpo humano funciona en ciclos de aproximadamente 24 horas (a todos los niveles, tanto para la liberación de hormonas como para la producción de múltiples reacciones bioquímicas que ocurren en nuestro interior así como para determinar los ritmos de vigilia/sueño), y es lo que se conoce como ritmos circadianos. Este reloj biológico controla la sensación de sueño y nuestra actividad. La luz del día gobierna sobre el reloj biológico –por lo que nuestro  cuerpo se adapta a un ritmo regular de día y noche. Cierto es que existen personas más noctámbulas que otras (incluso algunas que son completas «aves nocturnas»), pero en general, el cuerpo «nos pide» dormir de noche, apagándose nuestros sistemas según va despareciendo la luz solar (disminuyen los reflejos, estamos más torpes…), para levantarnos con el sol, más o menos pletóricos. Estos ritmos se autorregulan y «se hacen más fuertes» si respetamos unos hábitos o unas rutinas horarias, como solemos hacer, por lo menos de Lunes a Viernes, obligados por nuestro sistema de vida y trabajo. Investigaciones realizadas han descubierto que también existen paralelismos entre los hábitos de sueño y la personalidad, afectando incluso al cociente intelectual, a trastornos (depresión) o a adicciones (pastillas, alcohol, drogas…), hechos que, sin embargo, escapan ya a la temática de este blog.

Por otro lado, el mundo está dividido en 24 zonas horarias, teniendo cada una de ellas una hora diferente a la siguiente. Todas las zonas horarias están medidas bajo un punto de referencia: el meridiano de Greenwich, en Londres, Reino Unido (que en España pasa por Castellón). Un huso horario se extiende sobre 15 grados de longitud desde este punto cero.

seguro_viaje_jet_lag¿Qué ocurre, entonces, cuando nos movemos hacia el Este o el Oeste, saliendo de nuestro huso horario habitual? Que tiene lugar un desfase entre nuestro reloj interno y la hora oficial de la zona en la que estamos (esto es, que haya o no haya luz solar). Este desfase no debería afectar al cuerpo si hemos atravesado tan sólo dos o tres husos horarios diferentes; en este caso, sería similar a la sensación que podemos tener cuando trasnochamos un fin de semana. El problema viene en viajes transcontinentales que se desarrollan cruzando más de cinco husos diferentes: de España a Asia, América u Oceanía. Y obviamente las consecuencias serán mayores cuanto mayor sea la distancia (y por tanto, la diferencia horaria) entre el punto de origen del viaje y el destino. Por otro lado, no se produce Jet-Lag si viajamos de Norte a Sur (o viceversa) dentro de un mismo huso horario (por ejemplo, de España a Nigeria o a Islandia).

Es difícil precisar pero, al parecer, el término Jet-Lag fue utilizado por primera vez en un artículo publicado en Los Angeles Times el 13 de Febrero de 1966: «Si vas a ser un miembro de la jet set y volar a Katmandú para tomar el café con el rey Mahendra,» escribió Horace Sutton, «puedes estar seguro de que te va a dar el Jet-Lag, un malestar no muy distinto a una resaca. Los jets (aviones a reacción) viajan tan rápido que dejan tus ritmos corporales (circadianos) detrás.»

En aquellos momentos, los servicios transcontinentales de aviación comercial a reacción llevaban ofreciéndose ya desde hacía 14 años, pero nadie había decidido investigar el trastorno o cansancio que sufrían los pasajeros tras un vuelo. Fue a mediados de los 60 cuando se tomó conciencia del problema, realizando la FAA (Agencia Federal de Aviación norteamericana) los primeros estudios sobre el efecto del Jet-Lag en pilotos, diplomáticos y hombres de negocios (los que más viajaban en avión por aquella época). Poco después las preocupaciones se extendieron a los jugadores de la liga de béisbol USA: un portavoz del equipo White Sox, de Chicago, se quejaba al New York Times de que la mitad de los doce jugadores del equipo se veían afectados cada vez que tenían que ir a jugar en avión al otro extremo del país. Con la expansión del turismo en los años 70, los vuelos transcontinentales, por un lado, se pusieron al alcance de la clase media (con precios medianamente asequibles), y, por otro, se popularizaron todavía más entre la élite adinerada (recordemos el mítico Concorde, que cruzaba el Atlántico en 3 horas y media por un «módico» precio de unos 6.000 euros de la época), y el Jet-Lag pasó a ser algo habitual e inherente a los viajes en avión. Algo que, si logramos controlar, no tendría por qué arruinar nuestros ansiados días de  vacaciones, ni el regreso de las mismas.

A cada persona le afectará de un modo diferente, precisamente por los distintos ritmos circadianos de cada uno, pero podemos concretar en que el malestar oscilará entre 2 y 14 días (este último caso, si hemos viajado muy lejos). El sexo y la edad –las mujeres y las personas mayores son más propensas a sufrirlo–, la condición física o el hábito de viajar –los viajeros esporádicos no están acostumbrados a superar distintos husos horarios– son también factores determinantes. Aparte de la «modorra» que tendremos de día y el insomnio que sufriremos de noche, pueden producirse alteraciones en el apetito, molestias intestinales, dolores de cabeza, ansiedad, deshidratación y fatiga generalizada. Recordemos que el Jet-Lag no es una patología que pueda ser tratada por la medicina, sino que la mejor manera de combatirlo es con una serie de consejos basados en la experiencia de millones de viajeros:

– Se debe descansar tanto como se pueda, antes del viaje como durante el vuelo. Durante el trayecto, proponemos desabrocharse los zapatos y utilizar reposapiés o cualquier otra cosa que permita elevar las piernas y, por supuesto, dormir. También es imprescindible hidratarse bien: beber abundante agua y refrescarse con frecuencia. Finalmente, debemos intentar movernos y realizar ejercicio y estiramientos, para impedir el entumecimiento de los músculos y favorecer la circulación sanguínea.

– Abusar del alcohol puede complicar todavía más los efectos del Jet-Lag: sería como una resaca doble. Si se bebe, ha de ser en pequeñas cantidades, siempre antes del vuelo.

– La cafeína también puede complicar el Jet-Lag. Los días que lo suframos, nunca debemos exceder el número de tazas que tomemos habitualmente.

– Lo ideal es intentar ajustar nuestro reloj biológico al entorno o zona a la que vayamos. Podemos hacerlo gradualmente, unos días antes del viaje: tratemos de acostarnos y levantarnos un poco más temprano si vamos a viajar al Este, o levantémonos y acostémonos más tarde si vamos a viajar al Oeste.

Nada más subir al avión, ajustemos nuestro reloj a la zona horaria de destino. Si llega por la tarde, no durmamos mucho en el avión para así acostarnos cuando lleguemos a destino. Por el contrario, durmamos todo lo que podamos si nuestro vuelo llega por la mañana, para poder estar despiertos y activos el resto del día.

– Como decíamos arriba, no existen medicamentos específicos contra el Jet-Lag, aunque la ingestión de melatonina (una hormona que liberamos durante la fase de oscuridad y que está implicada en la regulación de los ritmos circadianos) es recomendable para personas que viajan entre más de 5 husos horarios distintos. Se puede encontrar en farmacias y parafarmacias. Si sufrimos algún tipo de problemas de sueño, sí que deberíamos consultar con el médico de cabecera.

Sea como sea, los efectos del cambio horario suponen un contratiempo, y algunas compañías aéreas como Finnair se han tomado muy en serio este problema. La aerolínea escandinava ha anunciado que en breve ofrecerá a sus pasajeros unos auriculares anti-Jetlag. Se trata de unos aparatos receptores que simulan los efectos de la luz del día a través del conducto auditivo, enviando información a las zonas fotosensibles del cerebro. Según los impulsores de la iniciativa, de esta forma se alivian los efectos del Jet-Lag, la escasez de la luz natural y la dificultad de adaptarse a la nueva zona horaria. Mientras no se encuentre la solución definitiva, os recomendamos seguir nuestros consejos: seguro que contribuyen a hacer el viaje más agradable. Y como consuelo, recordemos que el Jet-Lag no es nada comparado con lo que nos espera cuando se popularicen los viajes turísticos espaciales…

Buen viaje!